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LA PLATA Martes 07 Oct 2008 10:45
 
policiales | En el barrio San Carlos
Lo “mudaron”
Juan Pablo Strepparav es asistente de Minoridad. Dejó su casa sola durante poco más de un día. Y al volver, la encontró prácticamente vacía. Los ladrones no sólo se llevaron los electrodomésticos. Arrasaron, además, con la mesa, las sillas, la heladera y hasta el sommier
 
 
El martes por la noche salió de su casa para ir a ver a su hijita enferma. Al día siguiente tenía que presentarse a trabajar: le tocaba estar de guardia. Dejó la casa sola durante poco más de un día antes de regresar, ayer por la mañana. Ese lapso fue suficiente para que un grupo de delincuentes le destrozara la puerta y se llevara casi
todo lo que había.
“Me dejaron solamente la cocina y la garrafa”, resumió Juan Pablo Strepparav (35), y no exagera. Como tampoco es demasiado decir que “lo mudaron”, literalmente.
Está dispuesto a contar lo que le pasó, aunque tarda en encontrar las palabras exactas para describir sus sensaciones. Está desolado y espera a que los peritos de la Policía Científica lleguen a su casa de 149 entre 45 y 46, en San Carlos. De todos modos, lo invade la incertidumbre y tiene pocas esperanzas de recuperar lo que le robaron.
El damnificado es asistente de Minoridad y anteayer debió permanecer de guardia en el Instituto de Melchor Romero, en el que trabaja. Debía presentarse por la mañana, pero salió unas horas antes de su casa, en la noche del martes 22, para acompañar a su hija, que “estaba con fiebre”.
Tras la visita familiar y después de una agotadora jornada laboral, lo único que quería Juan Pablo era llegar a su domicilio para descansar un poco. Arribó cerca de las 8 de la mañana de ayer, y se encontró con un escenario que vaticinaba algo malo, sólo que no imaginó cuánto: la puerta había sido barreteada. Entró. Y advirtió, desolado, que en su casa no había nada: los delincuentes la habían vaciado.
“Se llevaron la mesa, el juego de sillas, el equipo de música, la heladera y hasta el sommier”, dijo, apesadumbrado, Strepparav. Además, revolvieron todos los cajones para ver si encontraban algo de efectivo. Ante semejante panorama, no pudo hacer otra cosa que llamar al 911. “Los oficiales vinieron enseguida”, agradeció. Y lo llevaron hasta el destacamento La Unión para hacer la denuncia.
De regreso comenzó a preguntarles a los vecinos si habían escuchado o visto algo extraño. Después de todo, lo que sucedió no fue común; pero no obtuvo demasiadas respuestas. “El hombre que vive al lado me dijo que escuchó gritar mucho a los perros por la noche, pero nada más que eso”, contó.
Es curioso que nadie haya notado movimientos extraños, ya que para desvalijar una casa del modo en que lo hicieron se requiere un procedimiento similar al de una mudanza. Lo único seguro es que se produjo durante la noche, y aprovechando que una ligustrina dificulta la visión desde la calle. Además, se cree que usaron al menos una camioneta para poder cargar todo el botín.
“La verdad que un golpe así, a esta altura del mes, te destruye”, concluyó el damnificado. Ahora tendrá que pensar de qué manera puede empezar a reponer, de a poco, todo lo que le sacaron. Seguramente no será una tarea sencilla.l

La modalidad y la jerga
Casi todos los delitos tienen su “apodo” en la jerga policial, definido por la modalidad y al margen de la calificación penal, ya que para la ley, un robo a mano armada siempre es eso, se trate de una “salidera”, un “golpe comando”, un hecho de “piratería del asfalto”, “un cuento del tío” que deriva en otra cosa, o el típico asalto del pibe que saca un “caño” y se lleva 10 pesos de un kiosco.
Un hurto es un robo sin violencia, aunque lo cometan “mecheras” (mujeres que se llevan mercadería sin pagar), un especialista en arte que hace “desaparecer” un cuadro de miles de dólares, o un adolescente que manotea un atado de Parliament.
El término “escruche” define a la sustracción de bienes, valores o mercadería en ausencia de los dueños, de un comercio o de una casa. Puede ser un hurto, si los ladrones ingresan sin romper nada; o un robo, si destruyen algo. Entre estos últimos se destaca una subcategoría con apodo propio, en virtud de la habilidad de sus autores: los llamados “boqueteros”.
Los “escruchantes” suelen entrar de noche por las aberturas menos pensadas: los techos, los fondos, ventiluces o claraboyas. Cuando nada de eso funciona, rompen una puerta y listo. Sorprende su capacidad para anular alarmas, eludir testigos y dejar en off side a los peritos en rastros. Algunos son “rateros”, dice la Policía. Puede ser pero, ciertamente, habilidosos.
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