Unos 300 pobladores se resisten a abandonar la localidad chilena de Futaleufú, a unos 200 kilómetros al sur de Esquel, cubierta por un manto gris de cenizas provenientes del volcán El Chaiten, cuya erupción causó la muerte de animales y la contaminación del agua.
Pese a las advertencias del gobierno chileno, los pobladores se niegan a dejar sus animales y les dan de comer con lo que les aportan las autoridades, mientras sufren con el abandono de lo que hasta hace un mes fue una próspera localidad agropecuaria.
"Mis abuelos y tatarabuelos vivieron aquí y no puedo irme, nos quedamos a proteger nuestra hacienda, mientras las mujeres y los niños esperan en otras localidades chilenas y argentinas a que todo esto pase", dijo a la prensa Sebastián, uno de los 300 pobladores que eligió quedarse.
Futaleufú era, hasta el 2 de mayo, una localidad agropecuaria que vivía de la cría de ganado vacuno, lanar, aves de corral, el cultivo de hortalizas y de la fauna ictícola.
Las aves de corral pueden verse ahora en las calles abandonadas del pueblo, escarbando en la ceniza para encontrar algo de alimento, mientras el gobierno chileno intenta proveer a los pobladores de agua y comida para la subsistencia.
En Futaleufú cayeron hoy entre dos y cuatro centímetros de ceniza del Chaitén, situado a 160 kilómetros del pueblo. Los carabineros aseguraron que hasta el momento no hubo violaciones a la propiedad ni saqueos de viviendas.
Además de la ceniza, los pobladores deben enfrentar la amenaza de pumas que bajan de las montañas cubiertos de cenizas y, al no haber alimento, atacan al ganado y a las aves.
El agua se convirtió en un elemento muy preciado pues están totalmente contaminadas y muchos pobladores todavía beben de los arroyos y ríos, por lo que se elevaron en los últimos días los casos de gastroenteritis.
Las mujeres y los niños fueron evacuados casi en su totalidad a localidades vecinas y muchas vinieron a la Argentina, donde son recibidos por pobladores de Esquel que sufren las consecuencias, aunque en menor grado, de las cenizas volcánicas.
Alicia Ibañez, habitante de Esquel, contó a Télam que desde hace días alberga a tres niños de Futaleufú, cuyos padres se quedaron cuidando a los animales, a la espera de que mejoren las condiciones y poder retornar.
La hermandad entre Esquel y Futaleufú se pone de manifiesto, además, con el envío de alimentos, frazadas, colchones, medicamentos y botellas de agua mineral hacia esa localidad chilena.
Los habitantes que aún quedan en Futaleufú respiran un aire extraño, producto de las cenizas en suspensión, mientras el gobierno chileno decide en estos días el futuro del pueblo.
MED