Hoy intentó en los últimos días comunicarse en varias ocasiones con el presidente de ABSA, Guillermo Scarcella.
El funcionario no respondió a los llamados, salvo en un caso, en el que se disculpó por no poder hablar y sin dar mayores explicaciones cortó la comunicación.
Pese al silencio oficial -que se condice con la línea que baja de la Gobernación y del ministerio de Infraestructura provincial respecto del problema del arsénico-, voceros de Aguas Bonaerenses SA precisaron que el alto porcentaje de arsénico detectado en el agua corriente que se consume en Carlos Casares, Nueve de Julio y Pehuajó es una “problemática histórica”.
Sin embargo, nada dijeron acerca del destino que se le da a los barros altamente tóxicos que se estarían depositando en los desagües pluviales de Carlos Casares, generando una fuerte contaminación.
ABSA prometió terminar la planta y realizar otros trabajos, “lo que muestra la preocupación para suministar agua de excelente calidad a más de 50 mil habitantes, resolviendo una problemática histórica”.
Pese a este eslogan, la realidad que denuncian vecinos, ediles y funcionarios de las tres ciudades es bien distinta.