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Pese a las cenizas, eligieron quedarse en el fantasmal pueblo de Futaleufú
Dicen que en Futaleufú no se registraron robos pese a que la mayoría de las casas quedaron vacías
El panorama que se sufre en la comuna chilena de Futaleufú es lisa y llanamente desolador. Tanto que de sus 1.800 habitantes sólo quedan 300, debido a las erupciones del volcán Chaitén que tiene a tan sólo 70 kilómetros de distancia.
Los que aún no se fueron se aferran a sus bienes y son asistidos tanto por el ejército chileno como por el argentino que les suministra agua y alimentos. La mayoría de ellos son hombres.
Algunos de los que se quedaron para desafiar a las cenizas lo hacen por tradición, ya que sus ancestros nacieron aquí y no imaginan otro lugar en el mundo. Pero afrontan grandes dificultades ya que todos los almacenes están cerrados. Entonces esperan con ansiedad las botellas que llegan en camiones desde la localidad chubutense de Trevelín.
“Voy a abandonar la zona sólo si corre peligro mi vida. Si no me quedo acá hasta las ultimas consecuencias”, desafió José Epinoza desde su chacra de 15 hectáreas a unas 20 cuadras del centro.
Está convencido de que esto va “a pasar rápido” como ocurrió con la erupción del volcán Hudson en 1991.
Cerca de su casa, se ven a efectivos del ejército chileno que limpian los techos de las casas desocupadas. Temen que se derrumben si llega a caer sobre ellas una nueva lluvia de cenizas.
En Futaleufú todo es solidaridad, como el hombre que eligió quedarse para alimentar a sus diez gallinas pero de paso alimenta a las de la cuadra, que están solas porque sus dueños eligieron irse.
El intendente Arturo Carvallo y todo su gabinete siguen en esta comuna, visitando a los pobladores que se quedaron y asistiéndolos de una u otra forma.
Tomó la decisión de adelantar las vacaciones de invierno para que los chicos no pierdan clases, aunque Katrin San Martín, una adolescente de 15 años que se quedó con su familia cuenta que tiene miedo de perder el año.
“Si sigue esta situación por unas semanas más, no sé que va a pasar con las clases. Tengo miedo de perder el año”.
En el centro asistencial no hay cifras de a cuántas personas atienden por día, pero reciben consultas permanentes de problemas en las vías de respiratoria e irritación en los ojos, y advierten que en los últimos días han aparecido varios casos de gastroenteritis, presumiblemente por el consumo de agua contaminada.
Antonio Ganga tiene un restaurante y eligió irse apenas erupcionó el volcán, el 2 de mayo. Sin embargo, hace cuatro días volvió para reabrir.
A su regreso, fue hasta la radio local para avisar a la comunidad que volvía a abrir su casa de comidas. En un ratito, cuenta, ya tenía gente.
Dice que lo hizo para que los carabineros, la gente del pueblo y los periodistas tuvieran un lugar para comer. No hay mucho: pero seguro que se consigue una chuleta de cerdo, fideos y arroz.
Por otra parte, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, dijo ayer que los científicos evalúan relocalizar el pueblo de Chaitén.