La presidenta Cristina Fernández de Kirchner participó anoche en la cena anual de camaradería de las Fuerzas Armadas y, en el discurso de ocasión, afirmó que “en materia de salud, como en Haití y en Chile, las FFAA han dado una gran muestra de profesionalidad, de desempeño y de eficiencia”.
Esa fue la definición más “importante” que dio la primera mandataria (que también desempeña, por mandato constitucional, el rol de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas) en su alocución. Pero lo que muestra la realidad es otra cosa: la política que lleva adelante la administración kirchnerista desde hace más de 7 años está poniendo a la institución militar, que forma parte de la esencia nacional, en una situación angustiante, continuando así con los lineamientos de la década menemista.
Los números hablan por sí solos. Según un informe realizado por el Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, que preside Rosendo Fraga, nuestro país invierte en defensa el porcentaje más bajo del Producto Bruto Interno de toda Sudamérica, junto con Surinam.
Concretamente, el Gobierno K utiliza el 0,87% del PBI para el funcionamiento de las Fuerzas Armadas, estando a la retaguardia, si se tiene en cuenta lo que sucede con países hermanos. Por ejemplo: cuando la socialista Michelle Bachelet dejó la presidencia de Chile, el país transandino destinaba el 3,73% del presupuesto, mientras que Brasil, comandado por Luiz Inácio Lula Da Silva (que también tiene origen en un partido de izquierda), destina el 3,44%.
La falta de recursos hace que las Fuerzas Armadas de nuestro país estén trabajando con equipamientos cada vez más obsoletos, con los riesgos que ello implica.
“Si bien en cantidad de tanques de todo tipo pareciera existir una paridad entre Argentina, Brasil y Perú, y una cierta superioridad con relación a Chile, este último país cuenta con el material más moderno y potente, siendo el mejor posicionado en materia de MBT, tanto en cantidad como en calidad. Sus 118 Leopard 2 A4 son los más modernos de la región. Incorporan cañón de 120 mm, blindaje especial y sensibles mejoras en la dirección del tiro, entre otras cosas. Además, cuenta ya con una cantidad considerable de vehículos especializados tales como recuperadores de tanques, puentes, etc”, dice el informe de Nueva Mayoría.
Y agrega: “Brasil se encuentra inmerso en un proceso de equipamiento y reemplazo de sus medios blindados, por lo que a la brevedad mejorará sensiblemente su situación cuando incorpore los 270 Leopard 1 A5 ya adquiridos”.
La situación de nuestro país, lamentablemente, es la contraria. “Argentina y Perú conservan sus medios de las décadas del ‘70 y ‘80, este último con importantes problemas de mantenimiento”, concluye el informe. Y agrega: “Excepto Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, todos los ejércitos cuentan con misiles antiaéreos”.
El panorama de la aviación naval tampoco es el mejor. “Al carecer Argentina de portaaviones, ve limitada su capacidad a la operación desde tierra o bien desde la plataforma de un país amigo. Es así que son normales las ejercitaciones de pilotos y aeronaves argentinas con sus homólogos de Brasil sobre el portaaviones São Paulo”, dice la investigación.
Los datos antes mencionados no hacen más que corroborar la virtual situación de colapso en la que se encuentran las Fuerzas Armadas argentinas. Pese a ello, en su discurso de ayer la primera mandataria pareció referirse a otro país cuando afirmó: “Estamos revirtiendo el proceso de desindustrialización que vivió el país y que también sufrieron las Fuerzas Armadas”. La realidad, que es la única verdad, en nada se parece al diagnóstico oficial.
EN FOCO
Una auténtica aberración
Cuando se tiene que analizar el accionar gubernamental, es necesario ir a los hechos concretos. Y es ahí donde aparecen las aberraciones que está cometiendo el kirchnerismo en lo que hace a la defensa nacional, que debería ser una política de Estado de carácter estratégico, alejada de los maniqueísmos ideologizantes a los que suele recurrir la administración K para justificar lo injustificable.
En pleno siglo XXI, cuando los principales especialistas en Geopolítica afirman que las guerras del futuro estarán centradas en la pelea por el manejo de recursos naturales como el agua dulce, existiendo en la Argentina algunas de las reservas más importantes del planeta, nos encontramos con que las Fuerzas Armadas están diezmadas y colapsadas. Y, como corolario de esta política de destrucción, actualmente está al frente del ministerio de Defensa una ex cuasiguerrillera, que sospechosamente sobrevivió a la represión salvaje de la última dictadura, cuando 30 mil compatriotas desaparecieron.
¿Qué política de Estado se puede construir con funcionarios que avalaban en su juventud la lucha armada clandestina y hasta que se atentara contra agentes de las fuerzas del orden por el simple hecho de portar un uniforme? No se trata sólo de un pecado de juventud: muchos de estos personajes, que están ahora en el poder, nunca se arrepintieron (al menos públicamente) por sus actos.
Las Fuerzas Armadas del presente nada tienen que ver con aquellos generales trasnochados que, junto con los grupos concentrados de la economía representados por Martínez de Hoz (en rigor, muchos de estos personajes del establishment ahora avalan al Gobierno K), impusieron a sangre y fuego un modelo neoliberal que destruyó el aparato productivo. Y puso al la mitad de la población en situación de pobreza.
Las Fuerzas Armadas son una de las instituciones que, junto con la Iglesia y el poder político elegido en elecciones, constituyen el pilar básico de la nacionalidad. Las raíces de las FF.AA se remontan a la lucha por la independencia que llevaron adelante nuestros próceres, especialmente el general Don José de San Martín, cuyo ejemplo es el que debe seguirse a rajatabla. No hay país en el mundo que se haya desarrollado sin sustentarse en fuerzas armadas poderosas y profesionalizadas. La historia así lo demuestra, mal que les pese a muchos de los que ahora, circunstancialmente, tienen la responsabilidad de conducir los destinos del país.