"Lo que no te mata te fortalece”, dice el clásico refrán que de alguna manera sintetiza la astucia del hombre para sobrevivir a los embates de la vida y también, por qué no, para aprovechar cada producto de la naturaleza en beneficio propio. Tal es el caso de la apiterapia, rama de la medicina que aprovecha el veneno de las abejas para tratar diferentes enfermedades reumáticas, tales como la artritis reumatoide, osteoartritis, codo de tenista o la bursitis, entre otras. También las cardiovasculares como hipertensión, arritmias, arteriosclerosis y várices; en problemas de la piel como eccemas, psoriasis, verrugas, y en afecciones pulmonares tales como la obstrucción crónica pulmonar, el enfisema o el asma, entre otras.
El comienzo de la apiterapia resulta difícil de precisar. Sus orígenes se remontan al antiguo Egipto, Grecia y China, y existen referencias a las propiedades curativas de la miel y otros productos de las abejas en los textos religiosos como la Biblia y el Corán. Por ejemplo, en la Biblia se menciona a la miel, en el Libro de los Proverbios del Rey Salomón, en el Exodo, en el Libro de Samuel, en el Génesis, en el Libro de Ezequiel, en los Salmos y en el Libro de Job, entre otros apartados.
El estudio más actual sobre la apiterapia, y sobre todo en cuanto a la utilización específica del veneno, fue iniciado por el físico australiano Philip Terc, que publicó sus resultados en el año 1888 en el Informe sobre una conexión peculiar entre las picadas de abejas y el reumatismo.
Su abordaje y trascendencia más contemporánea se debe a Charles Mraz, fallecido en 1999, que se desarrolló como apicultor en Vermont, Estados Unidos, durante los últimos 60 años.
A pesar de ser una terapia relativamente novedosa dentro de la medicina tradicional, la apiteriapia va ganado lugar entre algunos profesionales de la salud que aplican está técnica con una abeja viva o en inyección. Esta terapia del veneno de las abejas se utiliza como tratamiento para disolver los tejidos con cicatrices, entre otro tipo de padecimientos como los arriba citados.
El componente activo más abundante del veneno es la melitina, la cual tiene una poderosa acción antiinflamatoria. Sin embargo, el veneno de abeja es una mezcla compleja de varios péptidos y proteínas, algunos de los cuales tienen efectos neurotóxicos e inmunológicos fuertes. En cuanto a su aplicación, debe reconocerse que no existe una práctica estandarizada para la administración del veneno de abeja. Algunos profesionales sustentan que la localización de la picada es importante, ya que para ellos el aguijón está asociado con un tipo de acupuntura en combinación con los efectos del veneno. Otros especialistas remarcan que la localización de la picadura no reviste importancia alguna.
Otra cuestión que difiere de acuerdo al criterio del profesional que lo aplique el tratamiento es el número de picadas. Algunos aplican desde unas cuantas hasta cientos. En cuanto a las contraindicaciones debe señalarse que este tratamiento puede causar dolor e inclusive puede terminar en la muerte si el sujeto es alérgico al veneno de abejas, lo cual puede producir un choque anafiláctico.
Ricardo Brizuela, médico recibido en la UNLP que se desempeñó por más de 30 años como otorrinolaringólogo en el hospital San Juan de Dios, contó su propia experiencia dentro de la apiterapia a Hoy: “En 1991 comencé con esta práctica de casualidad. Ese año me picó una abeja y desapareció un dolor que tenía en la cintura. A partir de ese momento se me abrieron los ojos y la mente. A partir de esa experiencia me contacté con el único médico que estaba especializado en apiterapia que estaba en Paraná y luego me consiguieron un libro cubano, donde está muy desarrollado este tema, que es el mejor libro del mundo en cuanto a este tema”.
Y agregó: “Al principio fueron viniendo pocos pacientes y fue creciendo la concurrencia en el boca en boca en la medida en que comprobaban los beneficios de esta terapia y lo iban recomendando a más gente”.
El tratamiento
Según explicó el doctor Brizuela a Hoy, “el tratamiento se aplica de manera inyectable. La forma de extraer el veneno de las abejas es a través de una trampa eléctrica donde entran y allí se les extrae el veneno”.
Por otra parte, relató que “a partir de tratarse con apiterapia, muchos pacientes terminan dejando medicamentos que son dañinos para el organismo. En general, quienes vienen a mi consultorio ya han probado otras terapias y no han obtenido buenos resultados.
No existen los pacientes vírgenes de tratamiento. Muchos de ellos se enteran de manera casual de que existe esta posibilidad y llegan luego de haber probado diferentes alternativas, hay casos muy severos que no han tenido casi respuestas he, incluso, llegan acá después de haber consultado a un curandero”. Y agregó: “La apiterapia está comprendida dentro de la medicina alopática. Yo igualmente no me niego a ningún tratamiento con medicamentos, pero por ejemplo el uso prolongado de Diclofenac desmejora seriamente el sistema digestivo y la parte renal. También es complicado el uso de corticoides”.
Por último, Brizuela aclaró que “la duración del tratamiento depende del tipo de paciente que haga el tratamiento. La idea es que venga cuando siente el primer síntoma, que no espere. La utilización del veneno de abeja y del polen, el propoleo y la jalea real, mejora la circulación local, reduce los dolores, trae una mejor calidad de vida y bienestar general”.