En La pregunta del destino de Arthur Schnitzler, con la dirección de Emiliano Delucchi, las mujeres del pasado también afloran con una mirada juzgada de misógina pero con mucho sentido del humor.
A lo largo de dos horas el personaje central (Anatol, a cargo de Nicolás Mizrahi) confiesa a su amigo Max (Federico Tombetti) su deseo de abandonar su tumultuoso pasado. Es así que de una caja con recuerdos de todos sus amores va evocando las historias de encuentros y desencuentros con las mujeres que han pasado por su vida.
La obra del dramaturgo austríaco, situada a fines del siglo XIX, que se estrenó en la sala porteña El Duende Teatro (Córdoba 2797), deja entrever cierta misoginia sólo perdonable por el humor con que aborda las situaciones.
Van desfilando a lo largo del espectáculo una joven aparentemente ingenua, una diva francesa, una mujer casada e incluso una mujer de armas llevar, peligrosa si se deja llevar por el despecho.
Entre el numeroso elenco cabe destacar las actuaciones de Ana Clara Schauffele, Zaida Mazszitelli y Nathalia Laphitz.