Partiendo desde el significado de la palabra que las define, ya aparecen de manera peyorativa. Con el prefijo “pseudo”, que viene del griego y significa “falso”, las pseudociencias transitan por nuestro mundo con el pie izquierdo. Aunque este conjunto de conocimientos y creencias no científicas se autoproclamen como ciencias, lo concreto es que -tomando a la “ciencia” como un conjunto de saberes que se deducen de la observación y experimentación, y están guiados por principios generales-, no se corresponden con aquel concepto. Acusadas por muchos sectores de “engañosas” y otros calificativos, la astrología, la numerología, la grafología, y tantas otras, no obstante se abren camino de la mano de un número nada despreciable de seguidores. Mientras tanto, muy cerca de acá, un grupo de detractores se juntó para desterrar su fama. El nombre que adoptaron no deja lugar a dudas acerca del objetivo que persiguen: cuando se formaron, alrededor del año 2000, fueron la “Asociación de Lucha Contra las Pseudociencias”. Después de un par de idas y vueltas quedaron conformados como lo que son hoy: “El Club de la Razón” (www.clubdelarazon.org).
Puntos de vista
En diálogo con Hoy, el fundador del club, Sebastián Bassi, contó que las actividades que allí realizan son de difusión y divulgación. “Concretamente -explica- escribimos notas y damos charlas en lugares donde nos piden”, como escuelas, universidades y asociaciones civiles. También hacen artículos de opinión sobre temas de actualidad. En cuanto a las charlas, contó que giran en torno a ítems generales como “método científico”, “ciencia y pseudociencia” y “fraudes científicos”, entre otros.
Aunque asegura que las pseudociencias, en general, tienen una difusión global, señaló que la distribución de cada una no es igual en todas partes. Así, contó que en nuestro país “es llamativa la popularidad del psicoanálisis, sólo comparable con lo que pasa en Francia”. Y aportó más ejemplos: “Aunque la Astrología es conocida y practicada de manera universal, en Japón tiene más llegada la interpretación de los grupos sanguíneos que la de los signos zodíacos”. “Cada país tiene sus ‘modas’ al respecto”, consideró.
En ese sentido, mencionó también a la homeopatía. “Es una práctica ilegal, porque el médico no puede recomendar una farmacia en particular ni vender medicamentos, y también deja dudas sobre el verdadero contenido de los medicamentos: por algo el homeópata pide que se compre en una determinada farmacia en lugar de sólo indicar la fórmula”, indicó. Para los miembros de “El Club de la Razón”, de los fundamentos en los que se basa la homeopatía se desprende su “inutilidad terapéutica”. A grandes rasgos, este sistema médico aplica clínicamente el fenómeno de similitud, según el cual existe un paralelismo de acción entre el poder tóxico de una sustancia y su poder terapéutico. Para Sebastián Bassi “este argumento no ha podido probarse en más de 200 años, y estaba basado en el desconocimiento científico propio de la época”.
Secuelas varias
Consultado acerca de los peligros que entrañan estas prácticas, Bassi resaltó que “nunca son inocuas”, y situó en primer lugar al daño económico “por el gasto que supone una terapia que no funciona”, según sus palabras. Por otro lado, también hizo referencia a los riesgos en la salud del paciente, no sólo por el “pseudotratamiento” al que se somete, sino también porque en muchos casos “se abandona el tratamiento convencional”, señaló Bassi, que se dedica a la bioinformática, una disciplina que utiliza la tecnología de la información para analizar datos de la biología.
Por último, mencionó el nivel de afectación moral, al que describe como “no tan visible pero no menos importante”. Según Bassi, es precisamente este aspecto el responsable de que la mayoría de los damnificados no haga la correspondiente denuncia. “Suele ser más doloroso reconocer haber sido estafado”, apunta el fundador de “El Club de la Razón”, y dispara: “Incluso las pseudociencias que parecen más inofensivas, como acomodar los muebles de la casa en función del Feng Shui, tienen su connotación negativa: implica no poder distinguir la realidad de la fantasía, lo que los hace propensos a caer en engaños más dañinos”.
El dato
Y vos... ¿te sumarías al club?
Se autodefine como una organización científico-educativa, sin fines de lucro, “integrada por un grupo interdisciplinario de analíticos indagadores y experimentados críticos de lo irracional”. La sede está en la localidad bonaerense de Balcarce.
¿Qué piensan los argentinos de la ciencia?
“Coincido con Marcelino Cereijido (científico y ensayista argentino) al respecto de la percepción de la ciencia en nuestra sociedad, así que me permito ‘robarle’ sus ideas cuando dice que la sociedad argentina manifiesta ‘apoyar a la ciencia’, pero en realidad le hace falta ‘apoyarse en la ciencia’. Es decir, queda bien decir que hay que apoyar la ciencia, pero a la hora de resolver nuestros conflictos como sociedad dejamos la ciencia de lado. Hay mucha confusión en lo que significa la ciencia; se la confunde con la tecnología y, a veces, con la mala aplicación de la misma. Por ejemplo, el descubrimiento de la estructura del átomo y sus propiedades es ciencia. El uso de la energía nuclear es tecnología, pero desconectar los sistemas de seguridad en un reactor sin protección para hacer un experimento y provocar un desastre ambiental, es una mala aplicación de la tecnología. Sin embargo, para muchos una catástrofe como la de Chernobyl es una muestra de ‘los peligros de la ciencia’”.
“A la hora de pensar por qué la gente se desencanta de la ciencia y recurre a tratamientos alternativos, recomiendo leer el primer capítulo del libro Hello Dolly, escrito por Gina Kolata, periodista científica del New York Times. Allí se relata cómo la ciencia pasó de ser la solución a todos los problemas del mundo,
a ser el enemigo público número uno. La autora dice que el lanzamiento de bombas atómicas, los problemas ambientales, y otros hechos que impactaron en la opinión pública, han ido cambiando la imagen de la ciencia. Las pseudociencias se aprovechan de esto y promueven sus productos con etiquetas como ‘natural’ o ‘tradicional’” dijo Sebastián Bassi, fundador de “El Club de la Razón”.