Hasta hace cuatro o cinco años, del tema se sabía poco y nada en nuestro país. Mientras que en otras naciones las investigaciones sobre enfermedades neurodegenerativas llevaban años en curso, aquí eran un terreno prácticamente inexplorado. En poco más de tres años de trabajo, un grupo de científicos del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, dependiente del Conicet) descubrió el mecanismo por el cual se desarrollan el Alzheimer y el Parkinson. El trabajo fue publicado ayer en la edición on line de la prestigiosa revista norteamericana Actas de la Academia Nacional de Ciencias. De acuerdo a sus autores, las conclusiones obtenidas permiten, por primera vez, “disponer de bases concretas para avanzar en el diseño racional de fármacos y en un esquema terapéutico para el tratamiento y prevención” de las nombradas dolencias.
Proceso identificado
Tanto el Alzheimer como el Parkinson son de naturaleza neurodegenerativa, y tienen su origen en un proceso conocido como amiloidosis, mediante el cual se genera otro mecanismo denominado
agregación molecular, que lleva a desórdenes en el funcionamiento cerebral.
En diálogo con Hoy, el director del estudio, Claudio Fernández, explicó que toda la acción pasa por las proteínas. “Las proteínas son productos inofensivos de las células pero, en determinado momento, comienzan a agregarse, es decir, a asociarse entre sí, y se tornan insolubles”, detalló el especialista, y continuó: “Cuando esto sucede, las proteínas se depositan en zonas cerebrales y provocan la muerte de las neuronas”. Según el lugar donde se sitúen, se desarrolla una u otra enfermedad. Aunque las proteínas que intervienen en cada una son distintas, el mecanismo que atraviesan es el mismo, aclaró Fernández, bioquímico y farmacéutico de la UBA.
El autor comenzó a estudiar en el Instituto Max Planck de Biofísica y Química, en Alemania. Allí se dedicó a analizar la forma tradicional de las proteínas, es decir, sus características en cuanto a tamaño, medidas, peso, etc. “El evento que causa la muerte de la neurona es la agregación de la proteína que, a su vez, está relacionada con su forma tridimensional. Teníamos que entender ese proceso para saber cómo atacarlo”, explicó el experto.
De regreso al país en el año 2006, Fernández creó el grupo de Neurobiología Estructural en el IBR, y allí inició la investigación en el laboratorio. “Descubrimos la región específica de la proteína en la que se desata el proceso de agregación”, contó, y lo graficó con una metáfora: “Es como una pared de ladrillos en la que tengo que identificar y atacar sólo a uno, que es el que está causando problemas, y no destruir toda la pared entera a mazazos”.
Fue así que, al identificar la zona de la proteína donde comenzaba el problema, probaron distintas variantes, modificando la parte en cuestión, y comprobaron que la proteína no agregaba más y, por ende, no mataba más neuronas.
Cura
Ante la consulta sobre las posibilidades futuras de obtener una cura para estas enfermedades, Fernández se mostró muy optimista: “Yo creo que sí se va a lograr, y soy muy auspicioso al respecto”. En ese sentido, señaló que la investigación “aporta datos muy importantes: el mecanismo para inhibir el proceso que se da en las proteínas y que causa la muerte neuronal, algo estratégico para intervenir terapéuticamente en el desarrollo” de las patologías.
“Ahora -enfatiza-, los pasos siguientes requieren de un trabajo multidisciplinario, en el que distintos profesionales tendrán que intervenir para diseñar fármacos que puedan atacar a la región concreta de cada proteína”.
El dato / Los males en cuestión
El Alzheimer se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales, y se caracteriza en su forma típica por una pérdida progresiva de la memoria.
El Parkinson, por su parte, es una enfermedad del sistema nervioso central que provoca temblores, rigidez muscular y lentitud en los movimientos.
Mercedes Benialgo