Científicos descubrieron, en Sudáfrica, un esqueleto fosilizado que parece ser el eslabón perdido entre los primeros dinosaurios y los enormes saurópodos.
El hallazgo, afirman los investigadores en la revista Proceedings B de la Sociedad Real, podría cerrar la brecha evolutiva que existe entre los ancestros bípedos comunes de los dinosaurios y los gigantes cuadrúpedos, como los diplodócilos.
El esqueleto, extraordinariamente conservado, muestra que la criatura era bípeda, pero ocasionalmente caminaba en cuatro patas, afirman los expertos.
“Lo que encontramos fue una especie totalmente desconocida de dinosaurio”, señaló el doctor Adam Yates, que dirigió la investigación en el Instituto Bernard Price de la Universidad de Witwatersrand, Sudáfrica.
“Perteneció a un grupo de dinosaurios llamado sauropodomorpha, que incluía a los conocidos gigantes saurópodos como el braquiosaurio y el diplodócilo, los enormes cuadrúpedos herbívoros de cabeza pequeña, cuello largo y extremidades elefantinas”, explican los autores en las conclusiones publicadas. Y agregan que “el grupo también incluía a parientes lejanos que eran bípedos y care-cían de la extrema especialización de los saurópodos”.
“Estos dos grupos estaban muy separados en la evolución, así que nos preguntábamos cómo habían llegado a ser tan especializados estos dinosaurios gigantes”, cuentan los científicos. Precisamente, la respuesta a este interrogante parece estar en el fósil que acaban de descubrir en el distrito de Senakal y que los científicos han bautizado Aardonyx celestae.
Rasgos
Tal como explica el experto, se trataba de un espécimen grande, de patas pequeñas, pecho grueso, cuello largo y cabeza chica, y parece haber sido el intermediario entre los presaurópodos bípedos y los verdaderos saurópodos gigantes.
Lo que indica la importancia de este ejemplar, afirma el investigador, son características como sus patas, su quijada y su tamaño.
“Era un ejemplar que estaba en camino a convertirse en un saurópodo, tan cercano evolutivamente a los verdaderos saurópodos como a sus parientes primitivos presaurópodos”, explica Yatesy, y continúa: “Tenía muchas de las características que vemos en los saurópodos, patas pequeñas y anchas, y estómago amplio, que demuestra que era herbívoro. La anatomía de la quijada demuestra que podía abrir la boca de par en par, para ingerir más alimento”.
Las patas delanteras eran similares a las del saurópodo, los huesos de los dedos eran robustos y sólidos, lo que explica -señala el doctor Yates- que cargaba su peso en la parte interna de la pata. Y era bípedo, aunque quizás caminara en cuatro patas para explorar.
Los investigadores creen que el Aardonyx vivió en el período jurásico temprano, hace unos 200 millones de años.
“Aunque estructuralmente era una especie intermedia, vivió hace demasiado tiempo para ser un verdadero antepasado, porque entonces ya existían los verdaderos saurópodos”, expresa Yates y agrega: “Así que en esa época era un fósil viviente, la transición tuvo que haber ocurrido mucho antes”.
El científico subraya que el lugar donde el ejemplar fue encontrado ha ofrecido mucha información valiosa sobre la evolución de los dinosaurios y asegura que, quien quiera conocer más sobre aquellos gigantes, debe viajar a Sudáfrica.
“En las últimas dos décadas hemos encontrado información abundante sobre cómo evolucionaron estos dos grupos de dinosaurios, pero creo que el hallazgo del Aardonyx es muy especial porque se coloca precisamente en el medio de ambos y, además, es un fósil extraordinariamente completo”, afirma el científico.
La gran muralla verde
Mientras las grandes potencias contaminan, Africa intenta realizar su aporte en la lucha contra el cambio climático y el calentamiento global. Es por eso que en la cumbre sobre el clima -que se realizará el próximo mes en Copenhague- insistirá con la construcción de “la gran muralla verde”. Los africanos tienen la esperanza de encontrar un empujón para un proyecto que no ha logrado concretarse en sus cuatro años de existencia, y que irá desde Senegal a Yibuti para frenar el avance del Sahara.
“Africa no irá con las manos vacías a la cumbre. El proyecto de la gran muralla verde tratará de tener un lugar en los debates y será presentado por el presidente senegalés, Abdulaye Wade”, indicó el ministro de Medio Ambiente, Djibo Ka, durante una ceremonia en el pueblo de Lagbar (Norte).
“Es un sueño que empieza a hacerse realidad”, añadió Ka en referencia a un proyecto con el que, en su opinión, “Africa se hará cargo de su responsabilidad con respuestas eficaces” frente al calentamiento del planeta. Pero el mayor obstáculo es la financiación.
“Esperamos compromisos firmes e importantes” en la cumbre de Copenhague (del 7 al 18 de diciembre), subrayó el ministro al recordar que Africa es el continente más vulnerable al calentamiento del planeta.
La idea de una barrera de vegetación y cuencas de retención para acumular el agua de lluvia de 7.000 km de largo y 15 km de ancho fue lanzada por el ex presidente nigeriano Olusegun Obasanjo en 2005, y posteriormente retomada por su homólogo senegalés.
Según el Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los bosques de la zona sahariana desaparecen al preocupante ritmo de unos dos millones de hectáreas por año.
El calentamiento del planeta sólo acentuará ese fenómeno, conllevando además importantes migraciones de poblaciones en países ya de por sí pobres e inestables.
De los once países asociados al ambicioso proyecto, Senegal es el más activo, pese a que sus realizaciones son modestas, pues se trata de sólo 10 km de “muralla verde” plantados en los últimos dos años, como reconoció el ministro de Medio Ambiente.