Fuentes oficiales del Vaticano anunciaron ayer que la Iglesia Católica decidió recibir a las comunidades anglicanas que deseen “entrar en plena y visible comunión con Roma”. Para esto, el papa Benedicto XVI dictó una Constitución Apostólica que prevé “ordinariatos especiales” para las comunidades anglicanas que quieran ingresar al catolicismo.
Este paso posibilita la incorporación a la Iglesia Católica de todas aquellas comunidades anglicanas que deseen hacerlo, manteniendo la jurisdicción del obispo de su religión y no del obispo diocesano católico que también oficie en el mismo lugar.
La Constitución, que aún no fue publicada dado que se se encuentra en proceso de traducción, prevé que los clérigos anglicanos que ya se encuentren casados podrán recibir la orden sacerdotal de la Iglesia Católica según el rito romano, tal como lo comunicó el cardenal William Joseph Levada, prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe.
De esta manera, el Vaticano les permitirá seguir siendo curas e, inclusive, hará extensivo este permiso a los seminaristas que ya se encuentren casados. La única restricción al respecto es que sólo podrán continuar con la jerarquía obispal aquellos que sean célibes.
Además, por medio de la Constitución Apostólica se introduce “una estructura canónica” que prevé la admisión “corporativa” de los fieles, tal como afirmaron voceros de la Santa Sede. La institución de los ordinariatos personales permitirá que los anglicanos que se incorporen en plena comunión con la Iglesia Católica conserven, al mismo tiempo, elementos específicos del patrimonio espiritual y litúrgico anglicano.
“Hemos intentado responder de modo unitario y equitativo a las peticiones para una plena unión que nos han presentado numerosos fieles, hasta ahora anglicanos, procedentes de distintas partes del mundo en los últimos años”, explicó el cardenal Levada. Quienes pasarían a formar parte de la Iglesia Católica suman entre 30 y 50 obispos y centenares de fieles que han hecho manifiesta su voluntad.
“La vigilancia y guía pastoral” de estas comunidades será confiada a un ordinariato personal, cuyo ordinario será habitualmente nominado por el clero hasta ahora anglicano, precisa la declaración emitida por El Vaticano.
Sin embargo, una vez ordenado el sacerdote, no podrá casarse y deberá mantener el celibato, tal como lo estipula la Iglesia Católica.
Esta Constitución se da en un momento en que, según el cardenal Levada, la Iglesia Anglicana atraviesa serias dificultades. De todos modos, negó que estas nuevas instituciones representen una disminución del compromiso ecuménico con aquel sector de la Iglesia Anglicana que no se incorpore a la Católica.
La ruptura
La Iglesia Anglicana surge en Inglaterra como una reacción de Enrique VIII frente al Papa romano, y que la separó completamente de la Santa Sede.
Enrique VIII, Rey de Inglaterra y Señor de Irlanda desde 1509 hasta su muerte en 1547, inició un enfrentamiento político con la Iglesia que obstaculizaba sus objetivos dinásticos. Casado con Catalina de Aragón, que sólo le había dado hijas mujeres, y deseando tener un heredero varón, ante la negativa de la Iglesia Católica de acceder a concederle el divorcio encontró la excusa necesaria para poder sustituir el poder del Papa por sus objetivos políticos. De esta manera logró consolidar el poder político y religioso bajo la Corona británica.
La denominación “Iglesia Anglicana” tiene raíces en la expresión latina ecclesia anglicana, que significa Iglesia Inglesa.