Innumerables retrasos marcaron la jornada en la sede de la ONU de Viena, en la que se dieron múltiples contactos bilaterales sin que todas las delegaciones consiguieran sentarse a conversar en una misma mesa. La reunión es considerada un termómetro sobre la predisposición de Teherán para alcanzar compromisos, después de su encuentro, el 1° de octubre en Ginebra, con el denominado grupo 5+1, compuesto por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania. Los retrasos comenzaron a producirse en la mañana, después de que el ministro iraní de Exteriores, Manoucher Mottaki, afirmase en Teherán que “no hay necesidad de que Francia esté presente” en las negociaciones. Fuentes diplomáticas explicaron que la república islámica no aceptaba a París como socio en las conversaciones porque en el pasado no se portó de forma “fiable” y no mantuvo sus “compromisos” de suministro atómico. Sin embargo, la delegación francesa no estaba dispuesta a retirarse de las conversaciones y la disputa se enrocó con el paso de las horas, hasta que el director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Mohamed El Baradei, tomó cartas en el asunto para negociar una solución. Mientras tanto, fuentes occidentales indicaban que la delegación de Teherán quería dificultar las negociaciones para ganar tiempo. Las idas y vueltas desinflan las esperanzas, abiertas en Ginebra, de que las conversaciones puedan clarificar las sospechas sobre el programa atómico de Irán. La cuestión de fondo es que Irán no acudió a la reunión con una propuesta cerrada para enviar su uranio al extranjero.
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