La desgracia golpeó con dureza a pocos minutos de la Gobernación bonaerense: una niña de 8 años de edad ingresó muerta al hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata, víctima de un cuadro de desnutrición.
La pequeña, de nombre Belén Anahí Leguizamón, llegó durante la madrugada de ayer en brazos de su mamá y acompañada por su abuelo. Pero todos los intentos de los médicos de guardia por reanimarla fueron lamentablemente en vano. La desnutrición presuntamente causada por un cuadro de celiaquía ya se había llevado su vida.
Reinaldo Reimondi, director ejecutivo del mencionado centro asistencial, confirmó a Hoy la triste noticia. “El cuadro es compatible con la desnutrición crónica. Pero para determinar cuál fue la causa que llevó a eso hacen falta realizar estudios. Ahora comienza la etapa judicial”, explicó.
La salud de Belén se habría visto agravada por una deshidratación, e incluso se sospecha que pudo haber tenido una mala absorción de los alimentos.
La niña vivía junto a su familia y seis hermanos en el barrio conocido como “La Favela”, ubicado en las afueras de la ciudad, y concurría a la Escuela Nº 76 del mismo barrio, que ayer permaneció cerrada “por duelo”.
Reimondi señaló que Belén no llegó a atenderse como paciente en el hospital, pero el martes último su madre la había llevado a una unidad sanitaria para hacer una consulta por el delicado estado de salud en que se encontraba.
Confirmado el deceso de la niña, el ministerio de Salud bonaerense hizo la correspondiente denuncia ante la comisaría 5ta de La Plata, y ante la secretaría de Salud de la Comuna local.
El director ejecutivo del hospital indicó que ese nosocomio cuenta con un servicio de Nutrición que atiende a menores de la ciudad y otros puntos de la Provincia bonaerense. Según Reimondi, no es muy común recibir chicos con el cuadro de desnutrición como la nena fallecida. Sí se han atendido consultas por desórdenes alimentarios y niños obesos.
Si la niña era celíaca la pregunta es ¿por qué el Estado (Nacional, Provincial y Municipal) no le garantizó los alimentos ni la atención sanitaria que necesitaba? Si no lo era, el interrogante es similar: ¿cómo puede ser que en pleno siglo XXI no se garantice la correcta alimentación de los niños?
Como publicó Hoy en su edición de ayer, en la Argentina -donde se producen alimentos para dar de comer a cientos de millones de personas- 25 niños mueren por día antes de cumplir un año. Y la tasa de mortalidad se eleva a 14 por mil nacidos vivos, según un reciente informe de Unicef.
En el país más de seis millones de chicos viven en la pobreza y la mitad de ellos pasa hambre. Esto hace que sobrevuele una desagradable sensación de desamparo.
La falta de alimentación está sumada a las condiciones de vida. La carencia de agua potable y de desagües cloacales favorecen la aparición de enfermedades infecciosas como la diarrea o la parasitosis que, en edades tempranas, provocan la muerte.
En silencio, la pequeña Belén pedía ayuda a gritos, pero nadie lo advirtió desde aquellos lugares en que están obligados a velar por la salud de la población.