Marcelo Tagliaferro (38), el remisero que llevó a Marisol Pereyra (38) al departamento de 28 entre 41 y 42, donde se produjo el cuádruple homicidio entre el sábado a la noche y los primeros minutos del domingo último, se transformó de un testigo clave para el esclarecimiento del hecho que conmociona a la sociedad argentina. Ayer, el hombre fue entrevistado por Trama Urbana.
El chofer del auto de alquiler afirmó que dejó a Marisol, una de las víctimas, en la vivienda del Barrio La Loma, a las 0.20 del domingo y que la atendió un sujeto que la invitó a entrar. “Bárbara se está bañando, dijo que pases”, expresó. Cuatro minutos después salió el mismo joven para avisarle que la mujer “se iba a quedar a tomar mate y que si salían, iban a pedir otro remís”.
Pero además, Tagliaferro dio detalles de los últimos movimientos de Pereyra. La mujer había conocido hace años a Susana de Bártole (63) y luego se había hecho amiga de Bárbara. Marisol era enfermera, tenía dos hijas de 7 y 4 (ayer los cumplió) y estaba separada desde hacía dos años.
Tagliaferro trabaja en la agencia “Modelo” desde hace tres meses y alrededor de tres semanas atrás conoció a Marisol. El hombre explicó que “a las siete de la tarde del sábado pasó a buscar a la enfermera por la casa en donde trabajaba, en 23 entre 69 y 70, para llevarla hasta la casa de la madre en 29 y 511 y luego acercarla hasta su vivienda en 143 y 62”.
“Marisol me dijo que a la noche iba a salir y que me llamaría para que la llevara al centro”, explicó Marcelo.
Así fue. Cerca de las once de la noche, le sonó el celular a Tagliaferro y luego de finalizar un viaje en 13 y 520, fue a buscar a Pereyra a Los Hornos. “Primero fue hasta el Viejo Teatro, en 48 entre 7 y 8 para ver cantar a una amiga y después me volvió a llamar para que la llevara hasta la casa de una amiga suya en La Loma”, recordó el remisero.
Según Marcelo, Marisol estaba dispuesta a divertirse esa noche. “Hoy quiero divertirme. Hace dos años que no salgo. Si tenés un amigo y la convenzo a una amiga, podemos salir los cuatro” dijo Marcelo que le comentó Pereyra.
Mientras se dirigían desde el centro hacia 28 y 41, Marisol, siempre de acuerdo a Marcelo, llamó insistentemente a Bárbara y Susana, pero alguien atendía y cortaba de inmediato. “Como le parecía tan raro, se gastó la batería marcando esos números”, explicó el remisero.
Poco después llegaron al destino y Marisol le pidió a Marcelo que la acompañara. “Todavía no me perdono haber decidido quedarme en el auto. Es que tenía miedo que me roben la radio y la antena. Además, justo en ese momento me entró un mensaje de texto de una amiga y me puse a contestarle”, afirmó el ahora testigo clave.
Como la pasajera le había anticipado que si Bárbara no quería salir ella iba a ir a tomar un café con él, Marcelo esperó en su Chevrolet Corsa, patente GFP 123, estacionado frente al departamento.
“Salió el hombre a los cuatro minutos y me golpeó el baúl con una palmada (esos rastros fueron peritados), abrí la ventanilla y me explicó que Marisol no continuaba el viaje y se metió al pasillo. Eso me sorprendió, y como no me podía comunicar al celular, bajé para hablar con ella. Pero en el portero eléctrico había varias opciones, así que opté por no despertar a ningún vecino y luego de esperar unos entre 10 y 20 minutos más, me retiré del lugar”, señaló Marcelo.
Tagliaferro recién se enteró de los cuatro homicidios el domingo a la noche y, desesperado, fue hasta donde había dejado a Marisol. Ni bien lleguó, los policías lo llevaron a declarar a la fiscalía, donde contó todo lo que sabe y aseguró haber visto un Fiat Uno color blanco estacionado en la cuadra.
“Bien pude ser la quinta víctima”
Conmocionado por el trágico fin de su pasajera, Marcelo Tagliaferro sospecha que él podría haber sido la quinta víctima. “Si entraba con Marisol al departamento, entiendo que el asesino me iba a matar. Porque para mí, cuando llegamos, ya había ultimado a Susana, Bárbara y Micaela”, opinó el remisero, quien agregó que en el baúl de su auto hallaron restos de sangre.
Además, como se afirmó en la nota central, Marcelo tuvo toda la intención de verificar si Marisol estaba bien, pero al encontrarse con varias opciones en el portero eléctrico, desistió.
Tagliaferro recordó que el sujeto que atendió a Pereyra “estaba con el torso desnudo y pantalones de color negro”, y que tiene “grabado su rostro en la memoria”.