La comida no se tira. La frase es contundente, una premisa básica que nadie puede pasarse
por alto. Aun en un hogar donde no hay necesidades, desperdiciar alimentos es una acción casi pecaminosa: siempre hay alguien que los está necesitando.
En el Banco Alimentario de La Plata se lo toman muy a pecho, y la idea de “recuperación” es la que manda en el trabajo de todos los días, cuando el gigantesco galpón que ocupa se llena de comida y víveres que, por distintas razones, no pueden ser comercializados pero están aptos para el consumo humano.
El Banco Alimentario es una asociación civil sin fines de lucro (ver aparte) que sirve como intermediaria entre empresas y productores -los donantes- e instituciones de asistencia social, que son los receptores.
La cosa es simple, contaron a Hoy los voluntarios del Banco: quienes ayudan lo hacen entregando mercadería cuya fecha de vencimiento está relativamente cerca, o con alguna falla en el envase o la etiqueta que les impide ponerla a la venta. El Banco recibe todas las donaciones en un galpón que la Dirección de Vialidad de la provincia de Buenos Aires le presta en Berisso. Allí, las ordenan y someten a un exhaustivo control, para luego distribuirlas en partes proporcionales a los 105 comedores, hogares de ancianos y niños, copas de leche y parroquias a las que ayudan. Bebidas, yerba, leche, cacao, galletitas, yogur, papel higiénico, shampoo, latas de durazno, cosechas de tomate, lechuga, y la lista sigue y sigue. Por cada kilo que se retira, se deja lo que se llama una “cuota de recupero”, que va de 30 a 50 centavos.
Afortunadamente, los donantes también son muchos: entre veinte y treinta comercios y grandes firmas que aportan todo lo que, de otro modo, se verían obligados a tirar. También hay quienes, en lugar de productos, aportan un servicio de manera gratuita: un flete, una grúa, o lo que haga falta. La necesidad de que se sumen más donantes es imperiosa: hay una lista larga de instituciones que se anotaron para recibir alimentos, pero antes de sumar más destinatarios, hay que incrementar la cantidad de donaciones. Para que la asistencia sea completa, los voluntarios del Banco de Alimentos están asesorados por especialistas en cuestiones como manipulación de alimentos y recetas rendidoras para, a su vez, trasmitirlas a quienes reciben los alimentos.
Una organización mundial que asiste a millones de personas
El de La Plata nació en el año 2000 y fue el primer Banco de Alimentos de la Argentina. Hoy, hay otros trece en el país, y desde 2003 están todos nucleados en la Red Argentina de Bancos de Alimentos, una asociación civil sin fines de lucro que les permite potenciar el trabajo conjunto y fortalecer las herramientas que cada uno tiene.
El modelo de gestión de los bancos de alimentos nació en Estados Unidos en la década del ‘60 como vínculo entre las empresas productoras y de comercialización de alimentos y las personas que padecen hambre. Hoy se distribuyen anualmente más de 500 mil toneladas de alimentos.
Actualmente, este modelo es tan efectivo que no sólo funciona en Estados Unidos, sino también en Europa y en países de Latinoamérica. Muestra de ello son los más de 500 bancos de alimentos que funcionan en el mundo y que contribuyen con la alimentación de más de 20 millones de personas.